Proteger muebles exteriores ante factores climáticos como la lluvia invernal o el sol de verano es indispensable. Éstos pueden afectar seriamente a su funcionalidad y estética y esque, con el tiempo y la continua exposición a la intemperie los muebles de jardín tienden a mostrar síntomas del desgaste; superficies erosionadas, pérdida de color, carcoma, corrosión…
Si bien es cierto, la mayoría de los materiales y acabados de los muebles exteriores son lo suficientemente resistentes como para aguantar el desgaste durante años. Maderas como la teca, el Cedro o el Olmo son muy resistentes al agua y la humedad. Los forjados aguantan inmunes el frío pero a falta de un correcto mantenimiento pueden ser víctimas de la corrosión o la pérdida de brillo.

Un mantenimiento regular con cuidados de limpieza, barnizado y protección antiplagas alarga enormemente las propiedades del mueble optimizando su uso durante décadas.
El uso preventivo de protectores y barnices no solo protegen la superficie, sino que penetran en la veta, mejorando la resistencia estructural de la madera. De igual forma, sellan e impermeabilizan la superficie del mueble protegiéndolo de las agresiones del sol, la humedad o los cambios de temperatura.
Fundas para proteger muebles exteriores

Las fundas exteriores ofrecen altas propiedades de impermeabilidad siendo capaces de aislar eficazmente el acceso de agua o humedad en periodos de lluvias y fríos intensos. De igual forma, evitan los ataques de corrosión y la exposición continua a rayos solares.
El uso de fundas para muebles exteriores es una opción imprescindible para mantener la funcionalidad y estética de los muebles de jardín. El poliéster es el material rey en la fabricación de fundas de muebles; su tela sintética evita el paso de las radiaciones UV mientras garantiza una alta protección impermeable. Además, sus propiedades transpirables lo hacen perfecto para la protección de materiales sensibles como la madera o la teca.
Las fundas de polietileno, por su parte, garantizan una gran impermeabilidad, ofreciendo una alta resistencia frente a golpes y rozaduras, sobre todo por su gran flexibilidad.
Aceites protectores, la medida más eficaz



El uso de aceites protectores supone una de las medidas más eficaces para evitar el desgaste en los muebles.
Se trata de aceites limpiadores que protegen la madera del ataque de hongos e insectos xilófagos mientras mantienen la hidratación necesaria para evitar agrietados.
Mediante la aplicación de protectores protegemos el mueble desde la veta; penetrando más allá de su superficie y mejorando la resistencia estructural de su fibra interna. Los protectores permiten la oxigenación del mueble enfocando su protección al desgaste producido por elementos como los rayos ultravioleta del sol y la exposición continua al agua y frío.
Su aplicación es sencilla; directamente tras limpiar bien la superficie de polvo y restos de suciedad. El aceite nutrirá la madera y evitará que se agriete y se ponga grisácea a causa del calor o la humedad.
Además, suavizará su resistencia frente a cambios de temperatura bruscos incluso al efecto decolorante del cloro.
Barnizado para un color como el primer día


Los barnices son una de las opciones predilectas tanto para potenciar las cualidades decorativas como las preventivas, resaltando la estética natural de la madera o añadiéndola nuevas tonalidades y brillantes.
El barnizado sella e impermeabiliza la superficie del mueble para protegerlo de las desgaste del sol, las grietas por humedades o las erosiones producidas por los golpes y rozaduras frente a un uso habitual. De igual forma, secan con rapidez y ofrecen un alto grado de adherencia.
Los barnices sintéticos ofrecen la mayor resistencia a los rayos UV y a la humedad, por eso son muy aconsejables para su uso en muebles de exterior, puertas, ventanas y contraventanas de madera. Por su parte, el barniz de poliuretano soporta muy bien la fricción, la abrasión y las manchas, por lo que son muy útiles para su uso en muebles sensible de uso diario.
Protectores antióxido para los muebles forjados

Proteger muebles exteriores fabricados con materiales como el hierro requiere de una mayor protección debido a los ataques de óxido derivados del frío o la humedad.
Para proteger muebles de exterior de hierro será necesario detectar si éstos cuentan ya con manchas de óxido bastante arraigadas. De ser así; una primera acción será limpiar la superficie con un cepillo especial para metal. De esta forma, retiraremos la pintura en mal estado manteniendo la superficie lisa tras el lijado.
Ante materiales como el acero o el hierro es siempre recomendable aplicar un segundo lavado de superficie con un limpiador universal, un producto que logre quitar los restos de grasa que suele permanecer en el mueble bajo la pintura.
Finalmente, cubriremos el mueble de una imprimación antioxidante para que, tras su secado, la nueva pintura o esmalte protector se fije con mayor agarre.
¿Y con los muebles de exterior de fibras naturales...?

Los muebles de mimbre y ratán natural son los más demandados en la decoración de jardines, su estética es única pero su resistencia a determinados factores climáticos es muy baja.
Se trata de muebles bastante sensibles a los efectos de la humedad, el agua y el frío que requerirán un secado rápido en el caso de ser mojados y una protección de polietileno en el caso de mantenerlos expuestos a la intemperie durante largos periodos.
Para recuperar el desgaste de sus fibras trenzadas (Ya sea por erosión o pérdida de tono…) deberemos aplicar un primer lavado para quitar el polvo y los restos de suciedad adherida. A continuación, un sencillo aplicado de barniz en las fibras deterioradas de acuerdo al tipo de tonalidad buscada ( Efecto mate, satinado, brillante…)